Lo cierto es que me parece una perdida de tiempo intentar leer libros cuyo argumento me parezca absurdo, repetitivo o aburrido. Me niego. Los cierro y los devuelvo a la estantería. A veces me da pena y pienso que más adelante debería darles otra oportunidad, pero en el fondo sé que no ocurrirá, que ese libro que acabo de abandonar está sentenciado. Estos libros son como un camino difícil y empedrado que intentas atravesar con tu bici, pero te das cuenta que ni el paisaje es bonito, ni disfrutas del paseo y por eso decides darte la vuelta.
Y luego están los libros que desde el primer momento te hacen disfrutar, cuyas páginas pasas sin darte cuenta, y que se terminan mucho antes de lo que desearías. Siempre se hacen cortos. Son como un descenso a tumba abierta de un puerto tendido pero sencillo de bajar.
Voy a recomendar un libro que para mi ha sido como el descenso del Tourmalet. Se trata de Brooklyn Follies de Paul Auster. Después de leer varios libros de Auster creo que este es el más optimista. Abandona aquí su particular universo de las casualidades, el azar y el destino, para crear a un personaje irrepetible. Se trata de Nathan Glass, un agente de seguros jubilado que acaba de separarse. Después de superar un cáncer decide regresar a su Brooklyn natal, convendido que sus días están contados. Lo que en principio iba a ser un camino hacia la muerte se convierte en una camino hacía la vida.Lo que en manos de un mal escritor podría convertirse en un conjunto de historias ñoñas y cursis, en manos de Auster se convierte en una novela excelente y que además resulta reparadora, casi terapéutica.
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